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24 septiembre 2026

Oportunidad, no obligación

Nosotras, como hermanas católicas, valoramos la comunidad. Es la esencia de nuestra vida mientras trabajamos juntas por y hacia Jesucristo. El envejecimiento, sin embargo, puede desafiar la adopción de este valor. En The Anna Trust, a menudo hemos escuchado de las congregaciones que el creciente número de hermanas mayores puede parecer una carga para las hermanas más jóvenes, desviándolas del ministerio hacia un papel de cuidadoras para el que a menudo no están preparadas.

Hay algo de verdad en eso. El envejecimiento crea desafíos, pero hay desafíos en cada etapa de la vida. Pero un desafío no es un defecto. En Magnifica Humanitas, el Papa León XIV escribe: «Nuestra relación con la vida parece estar hoy en crisis. Todo lo que aparece como un "límite" —incapacidad, enfermedad, vejez, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser visto principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como una realidad a través de la cual nuestra humanidad madura y se abre a la relación. Y sin embargo debemos recordar que la humanidad florece no a pesar de las limitaciones, sino a menudo a través de ellas».

Necesitamos un enfoque de reciprocidad en esta relación. Nuestras religiosas mayores tienen dones que ofrecer. Han construido relaciones a lo largo de muchas décadas. En nuestra era de la tecnología, las relaciones humanas deben ser valoradas más que nunca. Las hermanas mayores pueden enseñarnos cómo construir relaciones entre nosotras y entre generaciones. Las hermanas mayores "lo han visto todo" y, a menudo, en las situaciones más peligrosas. Hay sabiduría que aprender sobre cómo capear crisis grandes y pequeñas, sobre cómo permanecer ancladas en un mar de trauma y vulnerabilidad. Las hermanas mayores han acogido a nuevas hermanas en la comunidad, de hecho han hecho crecer la comunidad en los días de expansión de las congregaciones. Hay sabiduría que adquirir allí sobre cómo abrir las puertas congregacionales, no solo a las hermanas jóvenes sino a la comunidad en general, a nuevas formas de colaboración, a personas comprometidas con la misión.

Hay mucho que ofrecer y mucho que ganar.

Las hermanas mayores no quieren simplemente ser cuidadas. Quieren sentir que importan. Quieren y merecen el protagonismo y la autonomía que vienen con su sabiduría. Esta no es una sabiduría que se encuentra al desplazarse por las redes sociales. Esta es una sabiduría que se encuentra en los rostros humanos y en los intercambios humanos.

¿Cómo hacemos eso? ¿Cómo acompañamos a nuestras hermanas mayores de una manera dotada de sentido? No desde una perspectiva de debilidad y fragilidad, sino desde una perspectiva de dignidad, sabiduría y reciprocidad. No desde una perspectiva de obligación, sino desde una perspectiva de oportunidad.

Nosotras, las hermanas, todas nosotras, necesitamos formación. Necesitamos habilidades. Necesitamos ejemplos de éxito que emular. Necesitamos una definición más amplia de comunidad. Necesitamos entender que nos acompañamos mutuamente. Este momento nos enseñará a vivir en comunidad, «nadie se salva solo», solía decir el Papa Francisco.

Pero para hacer eso, antes que nada, necesitamos ampliar la apertura de nuestra lente mental. Necesitamos mirar a través de los ojos de la oportunidad, no de la obligación. Esta es una oportunidad para ver la vida en su máxima plenitud, para apreciar la vida como sabiduría, para proteger la vida en su dignidad, para acoger nuevas perspectivas.

Ven, Espíritu Santo, amplía la apertura de nuestra lente